La primera creación del jardín... Silas, él vivía solo en ese hermoso paraíso. Repleto de árboles y arbustos llenos de jugosas frutas que sacian su hambre, además, de todos los animales a su lado con los que pasa horas y horas divirtiéndose, nombrandolos, dándoles amor y palmaditas reconfortantes.
En este lindo paraiso, su jardín como le gusta llamarlo, no existe nada más que paz y amor. No hay lugar alguno en el que haya odio, vergüenza o algún otro mal, solo amor. Ni siquiera sabe que es la vergüenza de la desnudes; es algo que no existe aquí, él vive como fue traído a este mundo, sin vergüenza y siendo un ser puro.
A pesar de tenerlo todo, él se sentía solitario, los animales lo consolaban pero necesitaba algo más. Calor, amor humano, necesitaba alguien como él que pudiera amarlo y permanecer a su lado por siempre en este paraíso. Entonces el pidió a su creador un compañero, no exigió nada más, solo alzó la mirada a la brillante luz del cielo y junto sus manos contra su pecho.
"Le ruego y le imploro, oh creador mío... Dame un compañero por favor, es lo único que pido y lo que más desea mi corazón, déjame sentir el amor y darlo..." Susurró suavemente en palabras que el viento llevó a su creador.
Mientras Silas dormía su creador cumplió la súplica que el joven varón había pedido durante la luz del día. Tomando una costilla del joven inconsciente sin que esté presenciare dolor alguno, nació la compañía perfecta para el jovén en base de su costilla y otros elementos.