—Corrió lo más lejos que la lluvia en torrentes le permitió; el taconeo del calzado rebotaba contra las baldosas en un eco ruidoso. Las piernas se le doblaron en muchas ocasiones, pero logró entrar a la casa segura con rapidez, cerrando de un azote la puerta. Jadeó con el aliento alborotado, intenta estabilizar la respiración con el rostro colgando hacia abajo. Se enderezó enfocando la mirada en el estante de libros frente a el y camina con calma hacia el mueble de madera. Recorrer los bordes de la costilla que mantenía el encuadernado de los libros, le llevan al recuerdo de Fugo estrellando el empastado de cuero en su cabeza; causandole un escalofrío repentino.—
—El solo hecho de pensar en todas esas letras y números revolviendose como sopa, hace que el estomago se le vuelva retuersa del estrés. Narancia se mantuvo distante en su propio mundo, hasta que algo lo interrumpió. Se retiró los audífonos momentáneamente para poner atención—.
—¿Necesitas algo?—preguntó sin ponerle atención realmente—.