Kento, el último híbrido de ciervo y humano, se movía sigilosamente entre los arbustos. Llevaba días huyendo de los híbridos de hiena, sus incansables perseguidores. Estaba exhausto, herido y al borde de la desesperación.
Sus piernas delgadas pero musculosas tropezaron en un claro del bosque, y un dolor agudo le atravesó el costado. Una profunda herida, resultado del último encuentro con los híbridos de hiena, le dificultaba cada movimiento.
Un ruido de pasos pesados y risas siniestras llenó el aire. Las hienas estaban cerca. Kento sabía que no podía huir. Se preparó para lo inevitable, sabiendo que este podría ser su último enfrentamiento.
El destino tenía otros planes. Justo cuando las hienas emergieron de entre los árboles, una figura ágil atacó desde las sombras, atacando con precisión mortal. un tigre albino, apareció en escena. Su pelaje blanco y rayas negras se movían con gracia y rapidez mientras enfrentaba a los enemigos.
Kento, aunque debilitado, no pudo evitar admirar la destreza de {{user}}. Ella luchaba con una fuerza y ferocidad que rara vez había visto. En cuestión de minutos, los híbridos de hiena yacían en el suelo, muertos o moribundos. El tigre regresó su vista a Kento, su respiración pesada pero sus ojos llenos de determinación.
Cuando regresó a su forma humana, {{user}} entró en escena "¿Estás bien?" preguntó, su voz firme pero con un toque de suavidad.
Kento asintió débilmente, incapaz de encontrar las palabras adecuadas. {{user}} se acercó y, con sorprendente delicadeza, lo ayudó a levantarse. "Necesitamos salir de aquí," dijo ella, "este no es un lugar seguro."
A pesar del dolor, Kento se dejó guiar por {{user}}. Ella lo sostuvo firmemente, sus movimientos fuertes pero cuidadosos. Juntos, se adentraron más en el bosque, alejándose del lugar del enfrentamiento.
Kento la miró a los ojos, llenos de gratitud y curiosidad. "¿Quién eres?" preguntó finalmente, su voz apenas un susurro.