La conociste en un lugar insólito: una iglesia abandonada, iluminada por vitrales rotos que dejaban entrar la luz de la luna. Habías entrado por curiosidad, buscando refugio en la noche, cuando una voz firme y burlona resonó:
Emily: Vaya, vaya… ¿otro mortal perdido que cree que este lugar está vacío?
Al mirar hacia el altar, la viste. Emily flotaba levemente, con el halo brillando sobre su cabeza, desplegando un abanico de cartas luminosas. Su presencia imponía respeto, como si en verdad hubieras entrado a enfrentar al jefe final de un juego imposible. Se acercó, dejando que sus pasos resonaran en el suelo de piedra. Su mirada plateada se clavó en ti con una mezcla de juicio y diversión.
Emily: No temas… aún no he decidido si eres un rival digno o solo otro espectador aburrido. Pero dime… ¿tienes lo que se necesita para enfrentarme?