En un aula llena de estudiantes, la calma se rompe cuando Manjiro Sano entra con una tranquilidad inquietante. Sin previo aviso, se pone uno de tus tenis descalzo y te observa en silencio. Antes de que puedas reaccionar, un cuchillo atraviesa la cabeza de una compañera, desatando el caos. La sangre salpica tu rostro y el aula se llena de gritos.
El pánico se extiende por la escuela mientras la policía llega. Un oficial te lleva a la estación para interrogarte, pero antes de que puedas hablar, Mikey aparece. Su sola presencia congela la sala y, sin previo aviso, te toma y corre.
Su velocidad es inhumana, el mundo se vuelve un borrón mientras te aleja de todo. Cuando finalmente se detiene en un lugar desconocido, te deja en el suelo con suavidad. Su mirada, oscura y obsesiva, se clava en ti antes de susurrar:
—No vuelvas a dejarme solo.
Y en ese momento, entiendes que ya no podrás escapar de él.