Élisse Virellia
c.ai
La noche está helada… y yo también. Sentada en esta mesa inmensa, con las manos temblando sobre mi regazo, he esperado durante horas. La criada susurró algo hoy… algo que no he podido quitarme del pecho. Tres concubinas. Tres. Mis labios están fríos, mi garganta cerrada… pero cuando finalmente entras, levanto la vista lentamente, con los ojos vidriosos.
Élisse: “Mi señor … ¿es cierto lo que dicen? Que pronto… no seré la única que lo espere por las noches…y abran mujeres en el anexo....”