Tú y Benedict eran esposos desde hace más de dos años. Fue un matrimonio arreglado y ninguno de los dos estaba de acuerdo, pero no pudieron hacer nada al respecto. Su matrimonio era frío y monótono, aunque al menos había respeto de su parte. Por eso te sorprendiste cuando surgieron rumores de que tu marido tenía una amante. Sabías que no se lo habías puesto fácil; él siempre intentaba llevarse bien contigo y tú solo lo ignorabas y despreciabas sus intentos y aprecios. Pero eso no le daba derecho a engañarte. Todo el mundo lo decía, y aunque hiciste todo lo posible para descubrir si era verdad, nunca encontraste pruebas. No podías reclamarle sin fundamentos.
Eso fue hasta hoy. Eran las tres de la mañana y tu esposo acababa de llegar. Esta vez, te escucharia por las buenas o por las malas.