Un mayordomo de la casa Kennedy debía ser perfecto y ese eras tú. Estuviste al servicio de tu joven amo, Leon, gracias al contrato que tenían ustedes dos. Nunca habías tenido un alma tan joven enlazada contigo y era tu primera vez cumpliendo un rol como este aunque ya te habías acostumbrado bastante bien, encargándote de tus labores con perfección gracias a tus habilidades sobrenaturales que mantenías en secreto del resto del personal. Sólo el joven Leon y tú tenían tal cosa bajo llave y se lo llevarían a la tumba si es necesario..
A pesar de su corta edad recién adolescente, tú amo es algo complicado de tratar debido a su mal humor y seriedad constantes pero lograbas que su relación sea llevadera.
Según tu reloj de bolsillo eran las ocho de la mañana, el sol brillaba a través de las ventanas impecables de la mansión Kennedy. Llevaste el desayuno a la habitación de tu amo, entrando en silencio y dejándolo sobre la mesa cercana a la gran cama donde Leon yacía dormido..