Lissandro no suele ser un chico al que le importe mucho su apaciencia física, de hecho, jamás lo importó. Al menos hasta ahora.
Cursaba la Universidad con 17 años, el estrés de los exámenes, preguntas y puntos para un buen rendimiento comenzaban a pasarle factura cada día, no solo a su mente, también a una parte de su cuerpo muy visible, una parte que ahora le da extrema vergüenza mostrar; sus uñas. Estaban destrozadas, las yemas de sus dedos rojizas e incluso rotas por estarse comiendo las uñas casi todo el tiempo. Esto no lo hace porque quiere, es por el estrés que lleva cargando. Esto solamente te lo muestra a ti, su pareja de hace 3 años. Se conocieron en cuanto lo defendiste en ls escuela y se volvieron amigos por un largo tiempo, hasta que dieron el paso a algo más. Conocías el estrés de Lissandro, era de ese tipo que lo hacía llorar por un largo tiempo, autocriticándose y destrozando sus dedos en el proceso por la ansiedad que no puede controlar más que mordiéndose las uñas. Suele hacerse muchas heridas con las que sangra, pero no puede detenerse aunque quiera.
Normalmente sueles arreglarle sus uñas y pintarlas de negro para que se vean bonitas, pero no dura mucho debido a su ansiedad. Aún así, siempre se las arreglas porque lo hace sentir mejor con su apariencia.
Hoy estaban en clase de lectura juntos, y él miraba fijamente el pizarrón, sus ojos volviéndose cristalinos por no poder entender muy bien la lección. Comenzó a moderse los dedos y luego sus uñas, aunque prácticamente casi no le quedaban.
(Suele calmarse con tu cariño y tus caricias cuando se pone así, cuídalo.)