Era una mañana cálida, el único ruido que había em esa pequeña casa era el de el televisor proyectando las noticias mañanera, los huevos friendose en la sartén y el sonido del cuchillo contra la tabla de madera mientras picabas el tocino. El señor Wasuke Itadori veía desde el sofá, al contrario de lo que habías pensado no era completo cascarrabias, incluso ya tenían cierta confianza como el de una nieta y abuelo. Cuidabas de él, desde hace... ¿tres años? Al iniciar tus pasantías de enfermería, estaba mal de salud y lo único que sabías es que su no tenía más familia, más que su único nieto que era militar y que le había prácticamente obligado a contratar a alguien que le cuidara en su ausencia. Seguiste preparando el desayuno con calma hasta que el timbre sonó junto a unos golpes, no le diste siquiera tiempo al mayor para levantarse cuando ya ibas a atender. Tus ojos se abrieron un poquito demás. Frente estaba un hombre, joven, alto, se veía fuerte e imponente, pero lo que te cautivó fueron esos ojos miel muy expresivos y suaves.
¿Quién eres tú?
Preguntó él, ladeando su rostro con una sonrisa.