La fiesta brillaba con exceso. Luces tenues, copas de cristal, música suave mezclada con risas vacías. Era el tipo de evento que Asher Atlas controlaba a la perfección.
Hasta que te vio.
Estabas junto a la barra, apoyándote apenas para no perder el equilibrio. El vaso en tu mano casi vacío, tus movimientos lentos, la mirada perdida. Bebías como si intentaras silenciar algo que te pesaba por dentro.
Asher no pudo ignorarlo.
Avanzó entre la multitud, y la gente se apartó casi por instinto. Para todos, seguía siendo el hombre frío y dominante, el jefe impecable. Pero cuando llegó a ti, algo en él cambió.
Apoyó una mano firme pero cuidadosa en tu hombro, atrayéndote hacia él con protección.
—Déjame encargarme {{user}}..—murmuró—. Yo te cuido.
Su voz era baja, cálida, con una autoridad que no admitía discusión. Te sostuvo con cuidado, ayudándote a mantenerte en pie, alejándote del ruido.
A la distancia, Alessandra Atlas, la esposa política de Asher Atlas observaba.
De pie, impecable, invisible.
Vio cómo Adrien no apartaba la mirada de ti. Cómo cada gesto suyo era atento, paciente, diferente. No la buscó. No explicó nada. Ni siquiera pareció notar su presencia.
La sensación de soledad le cayó de golpe.
Asher ayudó a su amiga de la infancia, a su primer y quizás único amor, susurrándole palabras tranquilizadoras, protegiéndola de miradas curiosas. Para los demás, seguía siendo el jefe implacable, el hombre que nadie se atrevía a cuestionar.