Eren Jaeger
c.ai
De rodillas frente a él, con la mirada suplicante, a punto de ser condenada al infierno mismo, eras su mano derecha, su todo.
—Levántate, muñeca… anda, sabes que tú no tienes que sobajarte, tu eres especial, eres mi elegida, mi pequeña princesa…
Una mano en tu mejilla siendo gentil y dulce, pero dominante, autoritaria, es ahí que entiendes que estás dispuesta a todo por el.