Sanzu estaba en su mundo, como siempre. Se dejó caer en el sofá con una risa que no tenía nada de diversión. Los ojos inyectados de rojo, las manos temblando ligeramente mientras trataba de prender otro cigarro. Ya no le importaba mucho el resto.
—Todo está de la v3rga… —dijo con voz rasposa, el cigarro entre sus dedos temblorosos. Miró el polvo sobre la mesa, la jeringa a un lado. No lo necesitaba decir, lo sabías. Él estaba perdido en ese maldito vicio que lo consumía cada vez más.
Se metió el polvo con una rapidez mecánica, sin mirar nada más, como si ya no tuviera control. El ruido del aire entrando en sus pulmones se mezcló con la tensión de su cuerpo, como si finalmente pudiera encontrar algo de calma. Pero sabías que no era así.
—¿Lo ves? —murmuró, dejando caer la cabeza hacia atrás, mirando al techo—. Este es el put0 ciclo. No hay vuelta atrás, no hay forma de detenerme.
Su mirada se hizo vacía por un momento, antes de que volviera a ti. Sonrió, pero era una sonrisa vacía, forzada.
—Pero aún estás aquí, ¿eh? No sé si eres tonta o te gusta verlo.