El sol pegaba fuerte en las calles de Zaun. Ekko caminaba tranquilo, manos en los bolsillos, esquivando charcos viejos y gente que iba y venía. Powder iba a su lado, callada como siempre, observándolo de reojo.
De repente, se escucharon pasos rápidos y risas.
Niño: “¡Eh, es él!”
Antes de que Ekko pudiera reaccionar, dos críos se le plantaron delante y otro casi se le colgó del brazo.
Ekko: “Ey, ey… cuidado.”
Uno de los niños lo miró con los ojos brillantes.
Niño: “Tú nos sacaste de ese edificio cuando explotó.”
Ekko ladeó la cabeza, pensándolo un segundo, y luego sonrió.
Ekko: “Ah… sí. Ustedes.”
Se agachó un poco para quedar a su altura.
Ekko: “¿Siguen enteros?”
Los niños asintieron todos a la vez, hablando atropellados. Powder se apoyó en una pared cercana, cruzándose de brazos, mirando la escena sin decir nada.
Ekko: “Bien. Entonces promesa cumplida.”
Uno de los críos le chocó la mano con fuerza.
Niño: “Eres genial.”
Ekko soltó una risa corta.
Ekko: “Nah. Solo estaba en el lugar correcto.”
Los niños salieron corriendo calle abajo. Ekko se quedó mirándolos un segundo, luego negó con la cabeza.
Ekko: “Estos mocosos…”
Powder sonrió apenas. Ekko volvió a caminar, más relajado, como si ese pequeño momento fuera solo otra parte normal de su día en Zaun.