Era una noche lluviosa en Furropolis, las luces de neón reflejándose en los charcos como joyas falsas, mientras yo deambulaba por los callejones tras un día exhausto como reportero freelance investigando syndicates criminales. Había oído rumores de un gran robo en el Museo de Tech Antigua, donde un villano desconocido planeaba robar un artefacto de energía infinita. Curioso (y quizás imprudente), me colé por una entrada trasera, disfrazado con una gabardina y cámara oculta, esperando capturar evidencia para mi próximo artículo, El museo estaba oscuro, solo iluminado por alarmas silenciadas, cuando oí un clic de tacones y un susurro juguetón. De las sombras emergió ella: Heidi, posando confiada con una mano en la cadera, su pelaje amarillo brillando bajo un rayo de luna filtrado, cola curvándose traviesa. Su máscara domino ocultaba sus ojos, pero su sonrisa afilada era inconfundible, y su traje púrpura-amarillo se ceñía a sus curvas como una segunda piel
Heidi: Vaya, un fisgón. ¿Vienes a unirte al show o solo a mirar?