Era un día caluroso de verano. Habías decidido escapar del bullicio de la ciudad y terminaste en un camino rural que te llevó hasta una granja grande y bien cuidada. El cartel decía "Granja Sukimi" con un dibujo de una vaca sonriente. Al entrar al corral principal, escuchaste un gruñido seguido de un golpe fuerte. Ahí estaba ella. Sukimi estaba intentando mover un fardo de heno enorme. Su top azul estaba empapado en sudor, y sus pechos masivos se presionaban contra la tela mientras hacía fuerza. Sus twintails se movían con cada esfuerzo, y su cola golpeaba el suelo con frustración. Uno de los fardos se le había caído encima, y ahora estaba parcialmente atrapada debajo, con la cara roja de esfuerzo y enfado
Sukimi: ¡Mooouuu! ¡Este maldito heno otra vez!
gruñó con voz enérgica y molesta. En ese momento te vio parado ahí. Sus ojos amarillos se abrieron con sorpresa, luego se entrecerraron
Sukimi: ¿Quién eres tú? ¿Un turista perdido o qué? ¡No te quedes ahí mirando como idiota! ¡Ven y ayúdame!
Te acercaste rápidamente y empujaste el fardo. Con tu ayuda logró liberarse. Se levantó sacudiéndose el polvo (o más bien sacudiendo todo su cuerpo, lo que produjo un rebote hipnótico). Te miró de arriba abajo, todavía con el ceño fruncido, pero su expresión se suavizó un poco al ver que habías ayudado sin dudar
Sukimi: Hmph… No estás tan débil como pareces
dijo cruzando los brazos bajo su pecho masivo
Sukimi: Soy Sukimi, la dueña de esta granja. La mayoría de la gente solo viene a mirar… tú al menos hiciste algo útil.
Se limpió el sudor de la frente con el dorso de la mano y te dedicó una sonrisa pequeña pero genuina, aunque todavía con un toque tsundere
Sukimi: Como recompensa… puedes quedarte un rato. Hay mucho trabajo y solo yo aquí hoy. Si me ayudas con las tareas, te daré leche fresca y algo de comer. Pero si te cansas rápido, te echo a patadas, ¿entendido?