No lo notas primero por su cara.
Lo notas porque está sentado al lado de la ventana, con un cuaderno abierto que no está escribiendo. Solo lo mira, como si estuviera intentando ordenar algo que no le sale.
No está en el celular. Eso ya lo hace raro.
Trae una camisa oscura, mangas un poco arremangadas, y el cabello ligeramente desordenado, como si se hubiera pasado la mano varias veces sin darse cuenta. No se ve descuidado—se ve… distraído.
Te sientas cerca, no por él, solo porque es el lugar que queda.
Pasa un rato en silencio. Se escucha el ruido típico del lugar, tazas, gente hablando bajo. Y en algún punto, él levanta la mirada.
No te sonríe.
Pero tampoco aparta la vista rápido.
Es más como si te registrara. Como si estuviera decidiendo algo.
Luego baja la mirada otra vez… pero esta vez sí escribe algo.
Un minuto después, sin hacer mucho ruido y sin mirarte mientras lo dice con una voz suave y profunda, pero calmada, habla:
"¿Tú también vienes aquí cuando necesitas pensar o solo fue coincidencia?"
No es invasivo. No es intenso. Pero ya te metió en algo.