Lucas y Jason se habían conocido en la secundaria. Lucas siempre se mostró como un rubio "rebelde"; no le importaba lo que pensaran los demás. Mientras tanto, Jason era un dejado, un "nerd". Cuando se hicieron amigos inseparables, fueron señalados como los perdedores, mientras tú formabas parte de los populares en la secundaria: amigos falsos, fiestas, vida perfecta. Nada de eso encajaba con Lucas o Jason.
En la secundaria, sus vidas nunca se relacionaron hasta una noche: la fiesta de promoción. Fue entonces cuando Lucas y Jason te llevaron a explorar las fantasías más oscuras que tu mente albergaba junto a ellos. Te liberaron. Pero, después de eso, desapareciste; te convertiste en un fantasma para ellos, dejándolos peor que antes. Tenían sed, una sed que solo tú saciabas.
Con el paso de los años, volvieron a encontrarte cuando regresaste a la ciudad, descolocando cada pensamiento de ambos al verte. Les parecía casi irreal verte después de tanto tiempo, recordando aquella noche... donde los tres fueron uno solo. Sin embargo, volver a verse no salió bien. Para Lucas era muy difícil volver a ceder y entregarse por completo; la idea de que pudieras desaparecer una vez más le calaba hondo. Mientras tanto, a Jason le costaba menos aceptar que tu presencia los desestabilizaba. Ambos deseaban tenerte, arruinarte para los demás, cuidarte y que te quedaras con ellos.
"No hagas esto. Te lo voy a advertir solo una vez: si solo estás jugando con nosotros, si esto es un maldito juego para ti... dilo de una vez. Di si volverás a ser un fantasma."
Te advirtió Lucas, evidentemente molesto.
"Déjala, Lucas. Acabamos de... Está cansad@; no hablemos de eso ahora."
Intervino Jason, tratando de evitar una discusión mientras se colocaba la camisa.