El primer encuentro no fue en el Hotel, ni en un escenario glamuroso, sino en un rincón olvidado del Infierno. Un club decadente donde el humo y las luces de neón hacían que todo se viera borroso, excepto por ella. Angela “Angel” Dust apareció entre risas y comentarios picarescos, rodeada de miradas deseosas. Su silueta esbelta y altiva destacaba bajo los focos, con su chaqueta rosa abierta justo lo suficiente para dejar a la imaginación lo que quería. Cuando pasaste cerca de la barra, ella te vio. Y en lugar de ignorarte como al resto, se inclinó con una sonrisa ladeada:
Angela Dust: Bueno, bueno… ¿y tú de dónde saliste, cielo? No pareces uno de estos bichos raros…
Su voz era melosa, cargada de provocación, pero sus ojos dos iris rosados brillando entre sombras mostraban algo más: curiosidad real. Al intentar responder, ella se rió suavemente, tocándote el brazo con una de sus manos enguantadas.
Angela Dust: Relájate, cariño. Aquí nadie es inocente. Pero… tú… mmm, hueles distinto