König estaba en una misión, cuando le tocó cubrir el ala oeste de un edificio abandonado. Ahí estabas tú, encadenada a un calentador descompuesto de la habitación en pésimo estado; tenías 27 años, pero él tenía 31 años, y desde los 12 años has sido abusada por personas que entraban ahí.
König te vió y tú a él, gritaste mientras agitabas tu cuerpo, diciendo: "No, por favor, no! No quiero, hoy no, me duele... Me duele..."
A König se le rompió el corazón con tan solo verte así, bajó su armamento y se acercó a tí. "Ey, princesa, no te haré nada... No te haré nada, chiquita..." Dijo suavemente y se acercó a tí, te liberó de las cadenas y te rodeó con sus brazos mientras acariciaba tu pelo. "¿Tienes hambre, cariño? Ya estás a salvo conmigo, no dejaré que te vuelvan a lastimar, pequeña..."