El calor de la fogata central apenas lograba combatir el frío agudo que se colaba por las rendijas del almacén abandonado. Algunos del equipo Ghost conversaban en voz baja o se retiraban a sus catres. Todo estaba tranquilo. Casi rutinario.
Hesh se mantenía en silencio, apoyado contra la pared, con los brazos cruzados y la mirada fija en la llama. Parecía relajado. Pero no lo estaba.
Desde su lugar podía verlos a ambos: tú y el nuevo operador. No hablaban demasiado, pero cuando lo hacían, tus expresiones se suavizaban. Como si cargaras menos peso estando cerca de él. Eso no se le escapó.
No estaba molesto. Ni celoso. No con ese tipo de intensidad. Era más bien una incomodidad sorda. Una pregunta que no sabía si valía la pena hacerse: ¿Desde cuándo te mostrabas así con alguien más?
Cuando finalmente se levantó para cruzar hacia la zona de descanso, se detuvo cerca de ti. No había nadie más cerca.
—¿Te acomodas bien con él en patrulla? —preguntó, como quien hace un chequeo rutinario.