Después de que murieras ahogado en un río durante un viaje familiar, Pete (tu novio) no volvió a ser el mismo. Desesperado, empezó a vincularse con gente peligrosa, en especial con un científico obsesionado con devolver la vida a los muertos. Cuando creyó que el experimento por fin funcionaba, robó una de las fórmulas del laboratorio.
Una noche, movido por la obsesión, desenterró tu cuerpo y lo llevó a un contenedor abandonado en las afueras. Allí, sobre una camilla improvisada, vertió un líquido espeso y rosado en tu boca y en tus oídos, esperando un milagro. Al principio no ocurrió nada. Luego, tu cuerpo se tensó con espasmos violentos. La descomposición retrocedía poco a poco, las heridas se cerraban, la piel recuperaba firmeza, aunque conservaba una palidez inquietante. Finalmente, tus ojos se abrieron con dificultad, sensibles a la luz. Confundido y aterrorizado, te incorporaste sin entender cómo habías regresado de la oscuridad.