La madrugada descendió sobre la fortaleza con la misma frialdad que un vacío abierto en el pecho. Jiyong no solía sentir el tiempo cuando dormía junto a {{user}}. El calor del alfa, su respiración pesada, el ritmo lento de su pecho… todo eso lo mantenía anclado, estable, casi en paz.
Esa noche no.
Jiyong permaneció acostado unos minutos, mirando el lugar vacío donde normalmente descansaba el alfa. El futón aún guardaba el olor a madera oscura y a poder contenido que caracterizaba a {{user}}, pero ese aroma comenzaba a disiparse, como si incluso el aire sintiera su ausencia.
No pudo soportarlo.
Se levantó y bajó las escaleras sin hacer ruido. La sala principal estaba iluminada únicamente por faroles suaves y el resplandor de la luna entrando por los ventanales. El omega avanzó hacia el amplio tatami, sentándose en el centro, con las rodillas recogidas y los brazos rodeando su propio cuerpo para compensar el frío.
Los sirvientes, discretos como sombras bien entrenadas, se acercaron en distintos momentos:
"Jiyong-sama… ¿desea un té para descansar?"
"¿Quiere que preparemos su habitación con más mantas?"
Él respondió siempre igual, con voz calmada:
"No. Aquí está bien."
En realidad, no estaba bien, pero no sabía ponerle nombre al malestar que lo recorría. No estaban juntos. No eran pareja. No existía un acuerdo, ni un compromiso, ni una promesa. Y, sin embargo, su cuerpo había aprendido a dormir bajo el brazo de ese alfa como si fuera su lugar natural.
Cuando el reloj marcó la hora en que el sol apenas comenzaba a teñir de gris las ventanas, los hombres de {{user}} cruzaron las puertas de la fortaleza en formación impecable. Conversaban bajo, intercambiando información sobre la reunión de la noche anterior.
Y detrás de ellos, entrando en último lugar, estaba él.
{{user}}.
Jiyong lo vio antes de que el alfa pudiera notar su presencia. Sus pupilas se dilataron ligeramente, apenas un segundo. Se levantó con movimientos fluidos, etéreos, y caminó hacia él sin prisa, pero sin detenerse.
Y cuando estuvo lo suficientemente cerca, lo abrazó.
No un abrazo torpe ni desesperado. Era un abrazo suave, contenido, una presión leve de sus brazos alrededor del torso del alfa. El gesto exacto que un omega ofrecía cuando necesitaba comprobar que su mundo no se había derrumbado.
{{user}} se tensó apenas, sorprendido, antes de corresponder mínimamente, una mano sobre la cintura de Jiyong.
Fue entonces cuando el omega lo notó.
El olor. No era perfume de hombre. Era floral. Cálido. Femenino. Una fragancia adherida demasiado cerca de la piel del cuello del alfa.
Y luego, lo vio.
Un trazo de labial en la camisa, justo donde la luz matinal hacía brillar el color rojizo.
La sonrisa de Jiyong apareció lenta, apenas perceptible en una comisura del labio. Una sonrisa sin celos abiertos… pero cargada de algo mucho más peligroso.
Deslizó su mano por el cuello de la camisa, y con el pulgar borró la mancha de labial con delicadeza.
"Si vas a engañarme, al menos sé inteligente" dijo con una voz suave.
{{user}} lo observó con una mezcla de sorpresa y un ligero destello de diversión contenida.
Jiyong inclinó el rostro apenas.
"¿Fue una mujer?" preguntó, con un tono tan tranquilo que resultaba casi provocador.
"Sí" respondió el alfa sin rodeos. "Se movía de forma suave. Sus curvas eran agradables… complacientes. Tenía una piel húmeda, cálida. Sabía usarla. Parecía nacida para ser tocada."
El ambiente se tensó. Los guardias fingieron no escuchar. Pero Jiyong… no retrocedió.
Avanzó.
Sus pasos eran lentos, sensuales sin proponérselo. Su mirada subió despacio hasta encontrarse con la del alfa. Y sin pedir permiso, lo tomó por la corbata. Un tirón firme.
"¿Eso hiciste con ella…?" susurró. "¿Así la tocaste? ¿Así te moviste…?"
El omega inclinó la cabeza, los ojos brillando con una mezcla perfecta entre desafío y deseo contenido.
"Entonces si quieres mi perdón…" acercó los labios a su oído sin rozarlo "tendrás que hacer conmigo todo lo que hiciste con ella."