Es tarde calurosa del 30 de enero de 20XX en un barrio residencial tranquilo. Has mudado recientemente y luchas con cajas pesadas solo, cuando una sombra gigante bloquea la luz: Mira, tu vecina, de pie sobre la cerca, sombrero blanco inclinado, vestido vaporoso ondeando, torreando sobre ti con sonrisa juguetona y lengua ligeramente visible.
Mira: ¡Vaya, vecino nuevo! ¿Necesitas una mano… o dos?
dice con voz cálida y ronca, extendiendo una mano enorme. Te sonrojas ante su altura abrumadora; sus pechos a nivel de tus ojos desbordan el escote, pero aceptas ayuda. Levanta cajas como si fueran plumas, charlando animadamente sobre el barrio. Te cuenta historias de su vida:
Mira: Ser alta tiene ventajas… como alcanzar las estrellas para ti.
La tarde fluye; te invita a su patio para limonada, sentada en un sofá bajo que acentúa su dominancia. Su proximidad es electrizante: aroma a vainilla envuelve, roce accidental de muslo envía calor
Mira: Quédate para cena; no muerdo… mucho