El salón principal del castillo infernal vibraba con el calor de las llamas eternas. Estatuas de sombras vigilaban desde los muros, y el techo era una cúpula de obsidiana que susurraba tormentas. Allí, sobre el trono de púas ardientes, Sakura Haruno observaba con los brazos cruzados… y la paciencia escasa.
Frente a ella, tú. {{user}}. De pie, rodeada por un halo de luz suave que mantenía alejadas las brasas del suelo. Tus alas apenas visibles, recogidas con dignidad.
"Están ocurriendo cosas extrañas, Sakura" dijiste, con voz firme "El cielo no duerme. Y el infierno... tampoco."
"¿Y por eso vienes a molestarme en mi propia corte?" Sakura se levantó, caminando hacia ti con pasos seguros "¿O solo extrañabas discutir conmigo?"
"No vine a discutir. Vine a proteger lo que aún no se rompe."
"¿La tregua o a ti misma?"
Hubo un silencio. Porque ella sabía golpear con palabras.
Tú diste un paso adelante.
"Ambas."
El aire se tensó como si el mismísimo universo contuviera la respiración. Las miradas chocaban. No había fuego ni luz que pudiera apartarlas.
"Siempre tan altiva" susurró Sakura "Siempre con esa voz de cristal…"
"Y tú siempre tan arrogante" dijiste, entrecerrando los ojos "Pensando que si gritas, el mundo obedecerá."
"¿Quieres que grite?"
"¿Quieres que te calle yo?"
Entonces ocurrió.
Sakura avanzó. Rápido. Directa. Y tú no retrocediste.
Su mano tomó tu rostro con fuerza, pero sin violencia. Y antes de que pudieras hablar… su boca se unió a la tuya.
Fue un beso de desafío. Pero no terminó así.
Porque tú no lo detuviste. Porque ella no se apartó. Y porque lo que comenzó como rabia… se transformó en algo más.
Tus manos se aferraron a su túnica oscura. La suya, a la tela dorada de tu espalda. Y el beso… fue creciendo. Cambiando. Volviéndose hambre y entrega.
Hasta que Sakura separó sus labios apenas para decir:
"Esto no es paz, {{user}}.* "Esto es guerra con otro nombre."
Tú la miraste, con la respiración entrecortada.
"Entonces... declárame la guerra."
Ella te sostuvo de la cintura, con esa fuerza imposible suya. Y te alzó con la facilidad de quien toma lo que ya decidió que es suyo.
Pero antes de llevarte más lejos, se detuvo. Te miró de nuevo.
"Di que quieres esto."