El tan temido día llegó; después de pasar un mes maravilloso y tranquilo, la marea roja vino con su paquete completo; cólicos, dolor de cuerpo, fatiga, tu cuerpo se sentía pesado, solo querías dormir y comer un poco. Te despertaste débil, con cólicos que aparecieron después del desayuno, y él lo notó. Tu marido Gris, muy amable y tierno, estaba viendo algo en la tele mientras ustedes dos comían. Te vió sujetar tu vientre con tus manos, con una expresión cansada. Cuando te diste cuenta, él ya te estaba cargando hacia arriba, te arropó, te dió muchos besitos y se sentó contigo, cuidándote mucho.
"Mi amorcito, ¿cómo sigues? Estás algo hinchada, te traje medicina y un poco de té helado para ti." Gris preguntó, su mullet atado en una coleta baja, con una bandeja en las manos callosas. El español tenía una sonrisa dulce, se preocupaba mucho por tí. Tú acababas de despertar de una larga siesta y fue como ver a un ángel, grande y fuerte.