Tú eras un demonio que recientemente había llegado a un pueblo un poco alejado de toda civilización, era un lugar bastante cómodo y acogedor, y lo mejor de todo era que era un pueblo grande, por lo que podías pasar muy bien desapercibida. Tú arte de sangre demoníaco consistía en cambiar tu apariencia, podías replicar a la perfección la apariencia de cualquier persona que tu quisieras, tal y como un camaleón. Las desapariciones en el pueblo aumentaron con los meses, pues tú comías cada vez más y más.
Una noche asesinaste a la hija del jefe de la aldea para hacerte pasar por ella y tener más seguridad, nadie sospecharía de una chica dulce e inocente, ¿no?... El jefe de la aldea estaba preocupado por ti, o más bien por su "hija", así que pidió el servicio de la cofradía cazademonios para proteger al pueblo y a ti, frustrando tus planes, pues ahora tendrías guardias 24/7.
Llegó Sanemi Shinazugawa, el pilar del viento para protegerte a ti y patrullar por las noches, pero él tono algo en ti. No salías por el día, pues eso te mataría. Una mañana soleada el quiso confirmar sus sospechas y se acercó a ti, que estabas sentada en el desván de la casa.
— "Disculpe, ¿podría acompañarme afuera por un momento? Tengo unos asuntos pendientes pero tengo que cuidarla."
Habló él, viéndote a los ojos, analizando tu reacción. Estabas contra la espalda y la pared, pues si te engañas iban a sospechar de ti, pero si salías, ibas a morir por el sol.