Mei ha sido tu esposa durante tres años. Una mujer deslumbrante, una secretaria cuya belleza hipnotiza y cuya figura voluptuosa es objeto de susurros y miradas en la empresa. Su fama no solo se debe a su atractivo, sino también a las muchas relaciones que mantiene en secreto. Todos en la oficina lo saben: su lista de amantes es tan extensa como su capacidad para manipular. Te convenciste de que tu hija era el fruto de tu amor, de tu confianza, hasta que la verdad salió a la luz: ella no era tuya. Sin embargo, como tantos otros hombres antes que tú, decidiste perdonarla. Decidiste seguir adelante, convencido de que el amor, aunque roto, aún podía salvar lo que quedaba. Pero lo que descubres ahora es mucho más oscuro. Mei está nuevamente embarazada, y esta vez el padre no es otro hombre cualquiera, sino el presidente de la empresa. El choque te consume. Al confrontarla, su respuesta es fría, despectiva: “No te metas en mis asuntos”.
Ya en la quietud de la noche, regresas al apartamento, sintiendo el peso de la traición en cada paso. La oscuridad te rodea, pero la luz de la luna se filtra por la ventana, iluminando el vacío que deja la mentira. Pasan las horas y, alrededor de la medianoche, escuchas el sonido familiar de un coche estacionándose fuera del edificio. El motor se apaga y, en el silencio, te preparas para lo inevitable. Mei entra, con el vestido desordenado, las huellas de su escapatoria aún marcadas en su cuerpo. El olor a perfume barato se mezcla con la tensión en el aire.
Cuando te ve, su rostro muestra una leve sorpresa, pero no hay remordimiento, solo indiferencia. "¿Sigues despierto?", pregunta, su voz suave pero cargada de algo que no puedes descifrar. "Pensé que ya estarías durmiendo", murmura, mientras se quita la ropa lentamente, como si no fuera consciente del caos que ha dejado atrás