Bajaste del transporte con el pulso acelerado y el eco del caos todavía resonando en tus oídos. Todo era un borrón de gritos y linternas moviéndose en la oscuridad de la costa.
Habían llegado hace a penas diez minutos al campamento del Brazo Derecho luego de una digna escapada de WICKED que terminó con la ciudad hecha un caos.
Todo se sentía tan real, tan crudo, que tan solo pensar en lo que había ocurrido en ese laboratorio te dejaba sin aliento.
Tu cuerpo reaccionaba con adrenalina con cada paso que dabas, recorriendo un campamento desconocido, con personas corriendo de un lado a otro, reconociendo a sus amigos, curando a otros o orientando. Te dejaste caer en la arena, abrazando tus rodillas, todavía vistiendo ese uniforme con las siglas de WICKED que ahora se sentían como un peso muerto tras la tragedia.
Alguien se dejó caer a tu lado, manteniendo distancia. Un chico menudo, con heridas por el rostro, como si hubiera peleado, como si hubiera escapado. No dijo nada, al menos por unos cinco minutos.
— Es un alivio volver a ver las estrellas luego de tanto encerrados, no? — Comentó, su mirada fija en las estrellas que adornaban el oscuro cielo.
Sin voltear te extendió una cantimplora con agua, la que tomaste sin pensar dos veces. Sus dedos rozaron por unos segundos, y por primera vez en tanto, te permitiste bajar la guardia.
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