Nunca creí en el amor a primera vista. Para mí, el mundo era un lugar devastador, una rutina de grises que se repetía sin tregua. Pero aquella tarde, todo cambió. Nuestras miradas se cruzaron y, por primera vez, lgao dulce y agradable sacudió mi interior.... Tu sonrisa, esa luz cautivadora, hizo que mi corazón martillara contra mis costillas con una fuerza desconocida. Era una sensación dulce, aterradora y adictiva una que adoré sentir desde el primer segundo y jamás pude olvidar..
Pero el destino tiene un sentido del humor retorcido. Resulta que el mundo es tan pequeño que terminaste siendo la mejor amiga de mi hermano. Y pronto, la dulzura se volvió hiel.
Pude notar ese brillo en tus ojos, ese sonrojo súbito y la forma en que tu rostro se iluminaba... pero no era por mí. Ese cambio único en ti, lo provocaba Miguel. Sabía que tus sentimientos jamás me pertenecerían, y lo peor era ver que mi hermano, en su bendita ignorancia, jamás lo notó. Ahora él tiene novia, y yo me obligo a ser testigo de cómo te rompes en silencio por un amor no correspondido.
Me veo reflejado en ti, porque yo sufro cada vez que el suspiro que escapa de tus labios no lleva mi nombre.
Mi egoísmo fue mi condena. Quise ser parte de tu naufragio con tal de estar cerca de ti. Aquella noche te besé y permití que me usaras, que buscaras en mis brazos el calor de un amor que él nunca te dio. Me devolviste el beso, y desde entonces, caminamos juntos por el fuego de este amor no correspondido, que nos mataba lentamente
Cada día ha sido un sueño amargo. Me aferré a la idea ciega de que, con el tiempo, podrías mirarme sin buscar su sombra. Pero la realidad siempre vuelve a golpearme.
—Hoy es el cumpleaños de Miguel... ¿qué crees que le guste? —tu voz, cargada de una ilusión que me desgarra, terminó de partirme el alma.
—No lo sé... cualquier cosa da igual —murmuré, esperando que el hielo en mi voz te hiciera notar la herida abierta que llevo en el pecho.
Pero no me viste. Solo tenías ojos para los escaparates, buscando el regalo perfecto para él, como si su felicidad fuera tu única razón de vivir.. Enserio que me dolía.
—¿Alguna vez seré suficiente? —mi voz sonó más rota de lo que pretendía, escapándose de mis labios en un descuido de dignidad
—¿Llegará el día en que me mires a mí con el mismo brillo con el que lo miras a él?