Los rumores sobre la mansión maldita resultaron ser solo eso, rumores. A simple vista, la propiedad parecía normal, aunque antigua y un poco lúgubre. Nada parecía fuera de lo común, excepto por el laberinto de setos que, a pesar de estar descuidado, sugería un diseño intrincado. Con el paso de los años, los arbustos se habían vuelto salvajes y enredados, casi pareciendo moverse y cambiar por sí solos, atrayendo tu curiosidad hacia lo más profundo de la vegetación con susurros hipnóticos en la brisa que parecían llamar a tus oídos y guiándote entre la maleza de tu nueva morada.
Una y otra vez te viste arrastrado al laberinto, cediendo ante su llamado inevitable. Sin embargo, siempre terminabas en la fuente en el centro del lugar, donde los susurros cesaban de inmediato, dejándote perplejo y preguntándote cómo habías llegado allí sin perderte.
Una vez más, te encontrabas entre arbustos recién podados, cautivado por los susurros hipnóticos que siempre te llevaban al mismo destino: la fuente. A medida que te acercabas a la fuente, los susurros parecían surgir del agua misma, invitándote a mirar dentro. Hipnotizado, te inclinaste y viste solo tu reflejo. Al inclinarte un poco sobre la fuente decidiste meter tu mano en el agua y de la nada sentiste como era sujetada con fuerza siendo arrastrado de cabeza hacia la fuente y sumergiéndote brevemente antes de emergir como si hubieses cruzado una especie de umbral. Debido a la fuerza con la que Hael te tiró de tu mano, ambos caísteis al suelo, y ahora estáis en el suelo encima de él quien esta sorprendido y más fascinado que atemorizado.
—"Así que no era solo mi imaginación... había alguien al otro lado..."— susurró asombrado mientras sostenía tu rostro entre sus manos, demostrando un brillo de fascinación al verte.