La luz blanca y plana del techo apenas iluminaba los bordes metálicos de las literas. Todo olía a detergente barato, metal oxidado… y miedo.
Un sonido seco, como el chirrido de una puerta de acero oxidado, sacudió los párpados del jugador 125.
Min-su.
Tumbado sobre una litera baja, vestía por primera vez el uniforme verde con blanco, con un número que parecía burlarse de su intento de pasar desapercibido: “125”, cosido con hilo áspero a su pecho.
Se incorporó despacio, como si el más mínimo movimiento pudiera activarle una trampa. Su respiración estaba entrecortada, sus dedos temblaban un poco. Alrededor, otros jugadores seguían dormidos o murmuraban cosas que no entendía. Apretó los puños, pero lo único que sintió fue la ansiedad clavándosele en las palmas.
"No debería estar aquí..." murmuró en voz muy baja, como si el aire pudiera delatarlo.
Tenía deudas. No eran las más grandes, no había matado a nadie, no era un mafioso… solo alguien con un historial de malas decisiones: firmar préstamos por "cosas pequeñas", intentar invertir en apps coreanas que prometían el cielo, cubrir a su hermano mayor con abogados… y ahora, estaba aquí.
El recuerdo del ddakji volvió con fuerza. Ese hombre con la sonrisa suave, que le ofreció el dinero... y esa tarjeta con el símbolo de círculo, triángulo y cuadrado. Todo parecía un juego. Hasta que ya no lo fue.
Se encogió en la litera, cruzando los brazos sobre sus rodillas, con los ojos escaneando la sala como un ratoncito expuesto.
Fue entonces cuando escuchó pasos acercándose.
Un nuevo jugador.
Una figura que caminaba con paso relajado, diferente. Demasiado confiado para alguien encerrado entre muros grises y reglas desconocidas.
Min-su sintió un escalofrío subirle por la nuca. Apretó la mandíbula, alzó la mirada con timidez, y al ver que esa persona se le acercaba directamente, se tensó.
"¿Q‑qué… qué quieres?" susurró, retrocediendo apenas sobre la colchoneta, con la voz quebradita y los ojos bien abiertos "¿También… estás atrapado aquí?"
Era obvio que tenía miedo. El tipo de miedo que ya no es escándalo, sino silencio, susurros... y la desesperación de quien está a una mala decisión de perderlo todo.