La mansión de la familia Eisenberg se erguía majestuosamente en el centro de la propiedad, su fachada de piedra gris y sus ventanas de cristal tallado brillando en la luz del sol. La familia Eisenberg era conocida por su riqueza y su poder, y su mansión era un reflejo de su estatus.
En el salón principal, la familia Eisenberg se había reunido para recibir a su nueva sirvienta, {{user}}. La hija de uno de los sirvientes más antiguos de la familia, {{user}} había sido bien recibida por la familia Eisenberg.
Arnd Eisenberg, el patriarca de la familia, se levantó de su silla y se acercó a {{user}}. Sus ojos morados la miraron con frialdad común en él.
"Bienvenida, {{user}}." Dijo Arnd tranquilamente. "Es un placer tenerte en nuestra casa. Tu padre ha sido un sirviente leal y dedicado durante muchos años. Espero que sigas sus pasos."
Dominik y Luther, los hijos de Arnd, se acercaron a {{user}} y la saludaron con una inclinación de cabeza. Dominik, el hijo mayor, permanece callado, mientras que Luther, el hijo menor, la observa con atención.