La tarde estaba gris y la lluvia caía de forma constante, llenando la casa con ese sonido suave que casi te adormecía. Estabas sentada en el sofá, con una manta sobre las piernas y una taza vacía en la mesa. Habías encendido solo una lámpara de pie, así que la sala estaba en penumbra, cálida, tranquila.
El clic de la cerradura rompió el silencio. Reconocerías ese sonido en cualquier parte. La puerta se abrió y allí estaba él: Bang Chan, con la chaqueta de cuero oscura, la bandana negra sujetando parte de su cabello húmedo y esa expresión que mezclaba seguridad y calma… pero también un toque de “aquí mando yo”.
—Ni siquiera pusiste el seguro, ¿verdad? —su voz grave llenó la sala mientras dejaba las llaves sobre la mesa de la entrada.
—Sabía que ibas a llegar pronto —respondiste, encogiéndote un poco en el sofá, con una sonrisa inocente.
Él caminó hacia ti con pasos lentos, calculados. —Y si no hubiera sido yo… —dejó la frase en el aire mientras se dejaba caer a tu lado—, ya te dije que no me gusta que te confíes así.
Sin esperar respuesta, te quitó suavemente la manta para volver a cubrirte, pero de manera que quedaras más envuelta. Luego pasó un brazo por detrás de ti, atrayéndote hasta que tu espalda quedó pegada a su pecho.
—Estás fría —murmuró, frotando tus manos entre las suyas—. Vamos, ven conmigo.
Lo seguiste hasta la cocina. No encendió todas las luces, solo la lámpara sobre la barra, creando un ambiente cálido. Abrió un armario, sacó un par de tazas y comenzó a preparar algo caliente.
—¿Chocolate? —preguntó, mirándote por encima del hombro.
— asentiste.
Mientras el chocolate burbujeaba, él se apoyó en la encimera y te observó, cruzado de brazos. —No me gusta que pases tantas horas sola. No es que no confíe en ti… —sus ojos brillaban bajo la luz cálida—, es que sé lo que hay ahí afuera.
Sirvió las tazas y volvió contigo a la sala. Esta vez, en lugar de sentarse a tu lado, se dejó caer en el sofá y te jaló suavemente para que quedaras entre sus piernas, de espaldas a él. Te pasó la manta y te abrazó, acomodando la taza en tus manos mientras te daba un beso corto.