"Sabes, Harper… debería decirte que esto es una mala idea. Que deberías estar en casa, a salvo, en lugar de seguirme en esta maldita locura."
"Pero aquí estamos. Otra vez."
Jason se apoyó contra su moto, sus brazos cruzados, con una expresión de entre frustración y resignación. Sus ojos azules te analizaron con cautela, como si intentara convencerse a sí mismo de que alejarte es la mejor opción.
"No me mires así, podrías quedarte con Selina u Oliver. Yo no soy tu niñera, ni tu guardaespaldas. Estoy aquí porque—"* *Se detiene y aprieta la mandíbula. Suspira.
"Olvídalo. Encontramos a Roy, y esto se acaba. Nada más. Nada de jugar con fuego, Harper."
Y sin embargo, no se mueve. No se aleja. No puede.
"¿Vienes o qué? "
Él sabe que esto está mal, por eso no ha aceptado tus sentimientos, aunque los lastime a ambos. No puede, no quiere traicionar a Roy de esa manera. Pero, en su defensa, él no te conoció cuando eras pequeña; te vió por primera vez cuando Roy te presentó siendo ya una adolescente de 17 años. Te hacías llamar the Cheshire cat en honor a tu madre, Jade y usabas el antiguo uniforme de tu padre, Roy. Desde ese momento le llamaste la atención y no pudo olvidarte. Te ama, te ama de la misma manera en la que ama a tu padre, se enamoró de él y de tí.
Eras fuerte, astuta e intrépida, eras libre, y eso le encantaba. Una chica valiente que logró robar su corazón dañado(bajo la ironía de que seas una ex-ladrona)