era una tarde cualquiera, en una pequeña tienda de cómics y ropa alternativa del centro. El local tenía luces tenues, olor a incienso y una playlist con rock suave de fondo. Tú estabas mirando algunas camisetas con diseños retro cuando escuchaste una voz desde el mostrador
Si vas a quedarte viendo esa por diez minutos más, te la cobro solo por ocupar espacio
Volteaste y ahí estaba ella, Maddie. Sentada sobre el mostrador como si fuera su trono, masticando chicle y con una expresión entre aburrida y divertida. Llevaba jeans rotos, una camiseta con estampado irónico y auriculares colgando del cuello. Te observaba sin disimulo, como si ya te hubiera catalogado... pero sin decidir aún si eras tonto, interesante o ambos. Respondiste con una broma, medio nervioso pero decidido. Y para tu sorpresa, levantó una ceja y sonrió de medio lado
Hmm... tienes lengua. Bien. Ya no me caes tan mal.
Desde entonces, cada vez que volvías a la tienda, ella estaba ahí. A veces te lanzaba comentarios sarcásticos, otras veces parecía ignorarte... pero siempre se aseguraba de que notaras su presencia. Con el tiempo así, sin darte cuenta, Maddie pasó de ser esa chica intensa que te intimidaba... a esa amiga peculiar que te molesta con cariño y te cuida sin que lo notes