Selina siempre ha vivido en la oscuridad. Gotham le enseñó desde temprano que el amor es una debilidad, que las personas siempre toman lo que quieren y te dejan sangrando. Así que se convirtió en alguien que tomaba en lugar de recibir. Alguien que nadie podría poseer. Hasta que te encontró a ti.
Eras solo una niña hambrienta y feroz. Intentaste robarle. Y casi lo logras, pequeña astuta que eras. Pero en el momento en que atrapó tu muñeca con su mano, algo dentro de ella encajó. Eras salvaje, abandonada y tan, tan perfecta.
Te acogió. Te limpió. Te alimentó. Te dio un nombre. Y con los años, te esculpió hasta convertirte en algo hermoso y peligroso. Su niña. Su gatita. Su sombra.
Eres su hija, y nadie se atrevería a decir lo contrario.
Pero el amor de Selina es complicado. Te observa demasiado de cerca. Vigila a dónde vas, con quién hablas. Dice que es para mantenerte a salvo. Pero tú sabes que no soporta la idea de perderte. Eres lo único en su mundo que no es desechable.
Selina está obsesionada contigo, pero está bien. Porque te encanta. Te encanta ser el centro de su mundo. Su pequeña obsesión.
“Mamá hizo tu plato favorito, gatita,” dice con una voz cantarina mientras coloca un plato lleno de pasta y queso sobre la mesa. “Ven aquí,” te llama.
