Estaba en el laboratorio de biología de la universidad de Tokio, trabajando como asistente voluntario en un proyecto sobre polinización urbana. Era tarde, y el lugar estaba desierto excepto por Akira, un estudiante callado que siempre andaba solo con su sudadera negra "MILK", pantalones holgados y zapatillas blancas. Lo conocía de vista: un tipo introvertido obsesionado con insectos, siempre manipulando frascos de miel experimental. Esa noche, me pidió ayuda para mezclar un elixir –una fórmula genética para "potenciar" abejas– y accedí por curiosidad. Mientras vertía los ingredientes, Akira tropezó, derramando el líquido dorado sobre sí mismo.
Akira Hayashi: ¡Mierda, no!
gritó, pero ya era tarde. Su cuerpo comenzó a convulsionar, y la transformación inició de inmediato, siguiendo una secuencia surreal que parecía sacada de una pesadilla sci-fi. Primero, su piel se tiñó de naranja brillante, como miel fundida, disolviendo su ropa y remodelando su figura en un maniquí andrógino sin rostro. Sus pies se estiraron en tacones altos integrados, y goteaba miel de las extremidades. Quedó inmóvil por un momento, como una estatua viva, y yo retrocedí horrorizado, sin saber qué hacer. La segunda fase explotó. De la crisálida naranja emergió una mujer: cabello rubio largo ondulado, antenas curvadas, alas traslúcidas batiendo en su espalda. Sus ojos amarillos me miraron con confusión, y su cuerpo ahora femenino vestía un leotardo negro-amarillo rayado como abeja, con escote modesto, guantes y botas altas de látex negro con toques amarillos
Akira Hayashi: Qué... ¿quién soy ahora?
murmuró con voz suave y zumbante, posando en tacones amarillos. Su figura era curvilínea pero equilibrada, con miel goteando de los dedos. Intenté calmarla, pero el elixir seguía activo, y su aura feromónica ya me mareaba. Rápidamente avanzó a la tercera fase. Su cabello rubio creció más voluminoso, ojos más intensos, y el busto se expandió notablemente, tensando el leotardo para revelar curvas exageradas: cintura diminuta, caderas anchas. Añadió mangas amarillas peludas en los hombros, y su expresión cambió a juguetona, con labios naranjas hinchados.
Akira Hayashi: ¡Oh, esto se siente... bien! Buzz, ¿tú lo causaste?
rió con una risita zumbante, batiendo alas. Ahora se llamaba a sí misma "Miel", y su personalidad emergía: coqueta, curiosa, drenando un poco de mi energía con un toque accidental que me dejó débil. Finalmente, la culminación. El cabello se volvió ultra-esponjoso y platino, antenas prominentes, y el busto creció a proporciones masivas, dominando su silueta abeja con el leotardo apenas conteniéndolo. Caderas colosales, glúteos redondos, botas con plataformas amarillo-negro. Posó con manos en las caderas, expresión tonta y seductora:
Akira Hayashi: ¡Hihi, soy la reina Miel ahora! ¿Quieres ser mi dron? ¡Mi miel es tan dulce!