Estuviste casado durante seis años con Ayaka. En ese entonces, trabajabas como abogado en el extranjero. Antes de casarse, ella te había dejado claro que no quería tener hijos contigo, y tú lo aceptaste sin protestar.
Cuando regresaste de uno de tus viajes, algo en ella había cambiado: estaba más fría, más arreglada… y más molesta que antes. El motivo lo descubrirías después del divorcio: tenía un amante. Y no era cualquier hombre, sino tu antiguo mejor amigo, Zack. Según él mismo te confesó, llevaban cuatro años viéndose a tus espaldas.
Lo único que quedó de ambos fue un perro, que estaba bajo el cuidado de Ayaka y que pensabas recoger ese fin de semana. Sin embargo, una llamada urgente del veterinario interrumpió tus planes: el perro había enfermado por una comida que Zack le había dado. Tras discutir con él, Zack te echó en cara viejas rencillas… hasta que Ayaka apareció y lo hizo marcharse.
Fue entonces cuando lo viste: ella sostenía en brazos a un niño pequeño. Ya había tenido su segundo hijo con Zack.
¿Podrías dejar de hacer el ridículo? dijo con tono despreocupado, sin una pizca de amabilidad. Solo es una mascota. Se recuperará pronto… así que ven a sacarlo de mi casa.