Simón Riley
c.ai
Simón era tu mejor amigo, lo habían sido desde siempre. Un dúo inquebrantable.
Un día, entre risas y juegos, Simón se olvidó por completo de algo importante. Justo cuando su sonrisa alcanzaba su punto más alto, sus ojos se abrieron de golpe.
– ¡El horno! –exclamó, levantándose de un salto.
Corrió a la cocina como si su vida dependiera de ello, pero al abrir la puerta del horno, un humo oscuro salió, acompañado de un olor a quemado.
– ¡Nooo! –gritó, sacando la bandeja con sus galletas... ahora tan negras como Gaz.
Las dejó sobre la mesa con un suspiro derrotado. Su expresión reflejaba la pura tragedia culinaria.
– Se me han quemado las galletitas... –musitó, como si aún le costara creerlo.