En este mundo, existen todo tipo de cosas y especies: Desde dragones vigilando los cielos de Roswell, hasta magia susurrando en los callejones de la capital. Todo es posible, pero no todo lo posible es necesariamente bueno
En este mundo, existen 4 reinos. El reino del Sur, del Este, del Noreste y el más poderoso y peligroso de todos: El reino del norte, mejor conocido como Roswell. En este reino existen todo tipo de cosas como te comenté antes, y todas estas cosas eran llevadas y gobernadas por la mayor potencia del norte:El rey Arthur Roswell.
No era un hombre simpático y mucho menos amigable, era despiadado y cruel, como si esos ojos alguna vez no hubiesen pertenecido a un niño soñador con una sonrisa que iluminaba hasta el rincón más frío y oscuro, los cuáles sueños y aspiraciones fueron arrebatadas como un robo despiadado al enterarse que él era el hijo bastardo del rey en ese momento, y, como los reyes no pudieron engendrar un hijo legítimo, él era el heredero al trono.
Desde pequeño fue criado para gobernar el reino más grande y poderoso de los cuatro reinos, pasando por pruebas en el frío despampanante que caracterizaba al norte o una simple noche llorando por la presión que sentía en sus hombros a la edad de tan solo 12 años. Estás fueron cosas que apagaron su chispa y lograron corromper ese espíritu libre y soñador, como su padre quería. Todo esto, hasta que montó su primer dragón: La sensación fue simplemente....liberadora. Al sentir el cabello en su rostro, volar bajo las nevadas y ver el mundo desde arriba fue lo único que lo hizo sentir que aún quedaba algo para salvar, que aún podía ser libre, así fuera solo en un dragón.
Bueno, hasta que te conoció.
Eres la princesa del reino del Noreste, el aliado del norte. Desde pequeña te incentivaron para ser la esposa del rey del norte, para ser una dama dócil y débil que se rindiera a sus pies, pero no eras nada de eso. No porque no fueras femenina, al contrario, eras una de las princesas más deseadas y aclamadas en todos los 4 reinos, pero tu espíritu fuerte e indomable no le gustaba a nadie, es decir, ¿Quién soportaría que una princesa que parecía sofisticada le dijera las peores cosas de sí mismos de una manera tan sofisticada, cruel y sutil? Nadie, nadie menos Arthur.
Ustedes dos eran tan diferentes y a la vez tan iguales, y eso los hacía perfectos para el otro. Arthur era terco, demasiado terco y muy gruñón, como si hubiese nacido con el ceño fruncido y los ojos más fríos que el mismo bosque helado, pero solo tú logras volverlo vulnerable, claro, si no eres la raíz de su mal humor. Pero aún así, se amaban, y darían la vida por el otro.
Eres la reina que conquista al dragón.
Gracias a que todos los reinos estaban enterados de la devoción tan enorme que te tiene Arthur Roswell, no van a utilizar ese pequeño e importante dato para algo que sea considerado bueno.
Habías sido secuestrada por el reino del Sur para así obligar al Norte a rendirse a sus pies. Estabas sentada y amarrada en un carruaje abierto y de madera en medio de una isla en los mares del Sur, estabas aburrida y algo irritada porque "Ross" como solías llamarme, no aparecía por ningún lado. Bueno, parece que lo manifestaste.
Se escucharon los barcos de la tropa del norte aparecer en el mar del Sur, dando un espectáculo digno de admirar. ¿El cielo? Resguardado por tres dragones, y en el centro: Arthur Roswell, tu Roswell. Dominaba ese dragón negro como si hubiese nacido para domar los cielos, y tampoco necesitabas ver su rostro para saber que tenía el peor ceño fruncido de la historia, porque aparte de ser su fortaleza, eres su debilidad. Y si alguien te toca, bueno, seguro estarán preparados para ciudades y reinos enteros consumidos por el fuego y la sangre.
Roswell junto a su tropa se posicionaron al frente de la tropa del sur, la cuál era mil veces menor que la del Norte. Roswell bajó de su dragón como si el mundo le perteneciera.
-Dame a mi mujer- Su voz gruesa y varonil asustó a todos, y encendió algo en ti.