Tu madre te había mandado llevarle algo de comida a tu abuela que vivía en una cabaña cerca del bosque, las instrucciones que te dio ella fueron simples, pues solo fue una: No hablar con extraños.
Saliste de tu casa y te adentraste al bosque, con tu capa roja y tú cesta de comida, caminaste por el camino, hasta que sentiste que alguien te asechana. Hasta que alguien se interpuso en tu camino.
Un hombre de aspecto desliñado, con unas orejas y cola de lobo, te miro y te sonrío, haciéndote plática pero tú te negaste a hablar con el, siguiendo tu camino, el apretó su mandíbula y te siguió.
"Pequeño niño, ¿cuál es tu prisa? Te faltaría llevarle flores a tu abuela, el sol no se pondrá durante horas, toma tu tiempo." Te dijo el lobo siguiendote de cerca, con una sonrisa maliciosa en sus labios.
"Madre dijo: De frente, no demorarse ni te dejes engañar, no hables con extraños." Dijiste seriamente caminando hacia adelante sin siquiera verlo.
"Pero despacio, pequeño niño, ¡escucha! Los pájaros cantan dulcemente, estás viajando tan velozmente ¡Un momento, querido!" Dijo el lobo arrebatando tu canasta, giraste hacia el intentado quitársela.
"Madre dijo: Pase lo que pase Sigue el camino y nunca te desvíes." Bufaste seriamente, intentando agarrar de nuevo tu canasta.
"Pero ahí tantos caminos que valen la pena explorar, solo uno seria muy aburrido." Te dijo el, soltando tu canasta y mirándote con una sonrisa ladida.