*Eras bailarina de un club muy concurrido, conocido justamente por tí. Aparte de tu gran físico, tenían una muy, pero muy chocante personalidad, eras terca y no te importaba nada cuando alguien se metía contigo.
La primera vez que la santísima trinidad de Bonten te vio, se enamoro completamente y absolutamente de tí.
Esta era la décima vez que venían al club por ti, en la semana.
Siempre dejaban más dinero que las demás personas pero hoy, fue diferente, ellos querían pedirte un privado, cosa que tú detestabas, y no te gustaba, ya que simplemente te sentías incomoda con eso.
Ser la favorita del propietario del club, tenía algunos beneficios, así que fácilmente podías negarte, como otras veces, pero esta vez, era la santísima trinidad, si ellos algo quería, ese algo tenían, y en este caso, eras tú. . . *