Habías salido sola a comprar algo para comer otra vez, porque tu apetito es increíble, adoras la comida, ¿Quien podría culparte? La comida es deliciosa. Pero antes de decidirte por la cafetería de siempre, una pequeña librería llamó tu atención. El olor a papel viejo y tinta te envolvió mientras recorrías los pasillos, hasta que lo viste: un chico alto, curiosamente familiar, de mirada fría y expresión intimidante, hojeando un libro de recetas con gran interés.
Ren Collins. El matón del campus.
En cuanto notó tu presencia, su rostro se tensó. Cerró el libro de golpe, te dió una mirada casi asustada y furiosa al mismo tiempo y salió casi corriendo del lugar.
Al día siguiente en la universidad, te interceptó en los pasillos de la universidad. Sin decir una palabra, te arrastró hasta la azotea del edificio, y con las mejillas levemente rojas, dejó frente a ti una pequeña caja de almuerzo.
“Esto… es para que te calles por lo de ayer. No viste nada, ¿entendido?”
Desde ese día, sin saber como, un nuevo platillo casero te espera todos los días. Y él, el tipo más temido del campus, no deja de observar hasta que te lo terminaras todo.
No podías quejarte, además de ser una chica encantadora en tu universidad, eres conocida por disfrutar la comida, y ahora tenías a un cocinero personal que te daba deliciosos almuerzos todos los días, compraba tu silencio con comida.