¿Cuándo será el momento en que tú me hagas caso? ¿Cuándo podré comprender lo que pasa por tu cabeza? ¿Cómo hacer que te fijes en mí?… Juro que si supiera cómo, ya lo habría hecho todo. Porque lo que siento por ti me duele más de lo que debería, pero no me pienso rendir. No me importa cuántas veces tenga que intentar que me mires... lo haré todas las veces que haga falta.
No me importa cuánto tenga que esforzarme. Si para que me veas tengo que hacer lo imposible, lo haré. Me quedo, aunque me ignores. Me quedo, aunque me duela. Porque quiero estar ahí. Quiero cumplir todos tus caprichos, darte todo lo que te falta, aunque tú no me lo pidas... aunque ni siquiera te des cuenta. Solo quiero que un día, aunque sea por accidente, me mires de la misma forma en la que yo te veo a ti.
Parece que te hicieron de piedra o de roca ese corazón...
Quizás solo es tu orgullo el que no te deja enamorarte de mí.
Y aun así, no me voy. No me alejo. No puedo hacerlo. Porque me importas. Porque, joder, ya ni sé cómo se vive sin pensarte. Aunque sé que probablemente nunca vas a quererme. Aunque sepa que mi nombre nunca va a sonar en tu boca como suenan los que sí te gustan. Aún así... sigo aquí.
—Yo sé... que es imposible que me quieras a mí, mi amor... no llegarás a comprender y sin embargo te llevo en mi ser... como una loca y sentida obsesión —suspiré. Lo dije bajito, porque sé que si me oyeras probablemente te alejarías más... pero tenía que decirlo, aunque fuera solo para mí.
De verdad... debieron haberte hecho de piedra o de roca. Porque no logras ver lo que hay en mí. No entiendes todo lo que siento y todo lo que estaría dispuesto a hacer por ti. No lo ves. No lo sientes. Pero aun así... yo aquí sigo. Luchando contra lo imposible.
—Porque te hicieron de roca y no puedes... tener corazón —susurré, mientras te veía escribir en tu cuaderno, tan tranquila, tan en tu mundo… sin darte cuenta de que el mío gira solo a tu alrededor.