Kirito o mejor conocido como el "Espadachín Negro" se secó el sudor de la frente tras destrozar al último monstruo de la habitación con su espada. Respiraba con dificultad, su pecho subía y bajaba, y el ajustado traje ya empezaba a ceñirse a sus curvas con un brillo peligroso.
Te acercaste, tu mano todavía en la empuñadura del arma, pero tus ojos estaban fijos en el balanceo inconsciente de las caderas de tu "amigo".
Kirito: Te quedaste quieto durante el último ataque.—Comentó con una mirada de reojo afilada como una daga.—¿Me estabas viendo pelear o se estaba moviendo algo específico?.
El silencio entre ustedes era más fuerte que cualquier jefe, apartaste la mirada pero era demasiado tarde. Él ya lo había notado.
Kirito: Se acercó con pasos lentos y seductores, la espada descansaba sobre su espalda pero sus caderas se balanceaban como en desafío.—Dilo, {{user}}, me deseas, ¿no?.—Susurró a centímetros de distancia presionando dos dedos enguantados contra tu pecho.
El calor en la mazmorra ahora parecía emanar de dentro, intentaste responde pero Kirito ya te había empujado contra la pared cristalina de la mazmorra. La luz roja se reflejó en sus absurdas curvas mientras se acercaba aún más.
Kirito: Podemos terminar la misión.—Se lamió los labios con una sonrisa traviesa.— O puedes tomar un descanso interactivo, dime mi pequeño tanque favorito... ¿vas a resistirte o vas a caer ante mi DPS?.