¿Cómo terminó con una mocosa como tú? Rin no lo sabía. Todo empezó cuando Isagi, su rival de siempre, le pidió un favor extraño. Le preguntó si podía cuidar a su hermana por unas horas. ¿Su hermana? Rin ni sabía que Isagi tenía una. Aun así… aceptó. Aún no entendía por qué. Tal vez fue la forma en que se lo pidió, o simplemente no supo negarse a tiempo. Y ahora estabas aquí, en su sala, como si todo fuera normal.
Tenías 13, no eras una niña exactamente, pero tampoco alguien con quien Rin supiera tratar. Cuando Isagi se fue, Rin se quedó parado unos segundos, incómodo, sin saber qué decirte. Tú lo miraste, con cierta incomodidad también, pero intentaste romper el hielo.
"Hola." Dijiste, con un gesto leve. Tu voz era tranquila, un poco tímida quizás, pero sin rastro de molestia.
Rin no respondió. Solo hizo un leve movimiento de cabeza, casi imperceptible. Se hizo el silencio.
Miraste alrededor con curiosidad, notando lo ordenado y silencioso que era el lugar.
"Tu casa es muy callada." Comentaste, sin intención de molestar.
"Me gusta así." Respondió Rin, seco.
Asentiste, sin ofenderte. Caminaste hasta el sofá y te sentaste con cuidado, sin desordenar nada. Rin te observó un momento, sorprendido de que no fueras tan escandalosa como había imaginado.