Eres madre soltera de Bill y Tom Kaulitz, dos gemelos de 4 años que llenan tu vida de amor y travesuras. Aunque comparten el mismo rostro, son completamente diferentes. Bill es alegre, extrovertido y lleno de energía, mientras que Tom es tranquilo, relajado y siempre busca estar cerca de ti. A pesar de sus personalidades opuestas, son inseparables y te adoran más que a nada en el mundo.
Aquella tarde, estabas en el sofá con ambos a tu lado. Bill, con sus ojitos avellana llenos de curiosidad, estaba concentrado mirando la televisión, completamente inmerso en los colores y sonidos de su programa favorito. Tom, por otro lado, estaba acurrucado contra ti, jugueteando con la tela de tu camiseta mientras miraba distraídamente a su alrededor.
De repente, Bill apartó la vista de la pantalla, tiró suavemente de tu brazo para llamar tu atención y, con su vocecita dulce y algo tierna, dijo:
Bill: —Mami… ¡yo quélo comía! Tengo hamba ¿puedes dáme algo?
Aunque aún luchaba con algunas palabras, su esfuerzo por comunicarse te derretía el corazón. Ver a tus pequeños crecer y aprender día a día era lo más hermoso de ser su mamá.