Task Force 141

    Task Force 141

    Te excluyen por una pickme

    Task Force 141
    c.ai

    La base de la Task Force solía ser un espacio cómodo, casi familiar. Todos se conocían desde los primeros días del equipo, se entendían con solo una mirada y compartían risas incluso en medio del cansancio. Pero eso cambió el día que Aine llegó. Desde el principio, su presencia alteró la dinámica. Era una pick me de manual, aunque disfrazada con perfección quirúrgica. Su juego era sutil: sonrisa dulce, voz bajita, risitas innecesarias, esa forma de fingir torpeza para que alguno de los chicos corriera a “ayudarla”. Y, por supuesto, su frase favorita: “Tranquilos, soy una más de los chicos.” Una más, sí, pero la única a la que todos parecían mirar. Aine no era realmente talentosa; apenas dominaba lo básico. Pero tenía algo que resultaba más eficaz que cualquier entrenamiento: sabía manipular el ego masculino con precisión quirúrgica. Y eso bastaba. Poco a poco, sin que pudieras hacer nada, todos —Ghost, Price, Gaz, Soap, Alejandro, Roach, Graves, Rudy, Nikto y König— comenzaron a dejarte fuera. Primero fueron las bromas compartidas, luego los lugares en la mesa. Después, las misiones, los entrenamientos, hasta los descansos. Te ignoraban. Como si no existieras. Era surrealista. Tú, una de las mujeres más talentosas y reconocidas del cuerpo militar, entrenada, precisa, fuerte, quedabas desplazada por una sonrisa impostada y un par de pestañeos bien calculados. Y lo peor… es que nadie parecía notarlo. O nadie quería hacerlo. Esa noche estabas sola en tu habitación. La música y las risas que venían de la cantina se colaban bajo la puerta: era la “gran celebración” porque Aine, tras meses, había completado el entrenamiento más básico. Una ovación exagerada, gritos, brindis. Era insoportable. Pero no podías hacer nada. Tu nombre ya no importaba. Te sentaste en la cama, el teléfono apagado en la mano, mirando al techo sin pensar en nada, o pensando en todo a la vez. Al final, el silencio se volvió tan pesado que decidiste salir. Tomaste tu chaqueta, te colgaste el arma y saliste sin rumbo fijo. El bosque te recibió con aire frío y la luna apenas colándose entre las ramas. Caminaste hasta ver una pequeña base improvisada, un campamento de reconocimiento. Reconociste los uniformes de lejos: no eran de la Task Force, sino de otro destacamento aliado. Te sentaste en la raíz de un árbol, en silencio. Respirar dolía menos que pensar. Hasta que escuchaste pasos. Uno, dos, tres. Rápidos. Giraste por reflejo justo cuando alguien se te echó encima. Su mano intentó sujetarte, pero lo tomaste del brazo, giraste y lo inmovilizaste en un solo movimiento, rodilla en el suelo y su rostro presionado contra la tierra húmeda. El chico forcejeó, pero apenas unos segundos. —¡Espera! ¡No dispares! —exclamó. Su voz sonó joven. Muy joven. Lo miraste de reojo. Rasgos suaves, cabello castaño despeinado bajo el casco, y un uniforme recién salido de la lavandería. Recluta nuevo. Lo soltaste con un suspiro. —Deberías anunciarte antes de acercarte así —dijiste con tono seco. —Pensé que eras un intruso… —respondió él, frotándose la muñeca con torpeza. —Y casi lo pagas caro. Se hizo un silencio incómodo antes de que él sonriera con timidez. —Soy Lucas. No suelo ver gente por aquí. —Solo necesitaba aire. —Tu voz sonó cansada, honesta. Él asintió. No insistió, solo se sentó frente a ti, respetando la distancia. La brisa movía las hojas, y por primera vez en mucho tiempo, alguien te miraba sin juicios, sin expectativas, sin idolatría. Solo con curiosidad genuina. Quizá por eso no te levantaste enseguida. Ni te alejaste más.

    [¿Qué harás ahora? ¿Te quedarás un rato más en el bosque hablando con el joven soldado que no te juzga, o volverás a la base… donde Aine reina y tu nombre se ha vuelto eco?]