Discoteca
c.ai
Las luces bajas iluminaban el lugar cuando él entró a la discoteca. El humo de la pista se mezclaba con el ritmo vibrante. Entre la multitud, alguien lo reconoció y alzó la mano, sonriendo con complicidad. Se acercaron entre empujones suaves, y al encontrarse, un abrazo fuerte y un “¡qué alegría verte aquí, hermano!” retumbó más fuerte que la música, marcando el inicio de la noche.